Untitled

zona en la que podrás escribir hasta que te sangren los dedos

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Notapor Abby19 el Mar Ene 19, 2010 12:11 am

Capitulo 3

Ariadna se hecho un ultimo vistazo ante el espejo antes de presentarse ante el consejo. La herida ya la tenía bien desinfectada y vendada. No era nada grave, pero la jodida dolía. Se aliso la cola de caballo larga y suave. Llevaba puesta una camisa negra y ajustada y unos pantalones negros. El cinturón era blanco, sin ningún tipo de adorno y su botas, al igual que su ropa, era del mismo color oscuro.

Dejo escapar un suspiro. Tantos años había pasado desde aquel primer día frente a la gente de su aquelarre y aun se sentía rechazada. Aunque poco le importaba. Ella buscaría lo mejor para ellos y si se lo agradecían o no le era indiferente.

Pensó en su hermana, que seguramente ya estaría en la sala junto a los demás miembros del consejo. Y en Carl, que se había convertido en su más fiel consejero y amigo. Se había prometido no mostrar sus sentimientos, pero sus fuerzas fallaban cuando ese hombre la trataba como una hija. ¡Cuánto de menos echaba a su padre! Ojalá pudiera echar marcha atrás y cambiar aquel día. Pero Ariadna sabía que eso era imposible. Miles de veces se había dicho que el pasado, pasado esta que el presente y el futuro era lo que más importaba. Y así iba a continuar.

Cogió a su más fiel amiga, su espada. Paso el dedo índice por la finas inscripciones talladas en ella. Cuando cumplió los dieciocho pidió que le grabaran una palabras en ella. “Vive la vida como si no hubiera un mañana”. Su hermana había elegido aquellas palabras pensando en el carácter de la otra.

Cogió la carta que estaba sobre la mesilla de noche. La carta era el tema principal por el que se reunían. El aquelarre de la costa tenía nuevas intenciones de unirse al de ella. Antes de recibirles, Ariadna, quería hablarlo con las demás gente. Esa carta le había traído los recuerdos de aquel día y sabía que una manera de hacerse más fuerte era hacerles frente, sin miedo, sin rencor.

Evelyn, mientras esperaba la llegada de su melliza, pensó que ella no hubiera sido capaz de aguantar todo lo que su hermana había aguantado. Puede ser que ella utilizara un vocabulario brusco pero para nada era tan valiente como ella. Se acordó del día que la vio llegar sucia y llena de sangre, semiinconsciente. ¡Estaba tan asustada! No pudo remediarlo y cuando Ari salió por la ventana salió a buscar a su padre para contárselo. No era una chivata, solo estaba preocupada. Pero lo que no supo es que..., por hablar su padre moriría. Se sentía tan culpable o más que Ari por eso la ayudó frente a la gente cuando ella se proclamo jefa del aquelarre.

La puerta se abrió y su hermana entro ya limpia y arreglada. Se notaba que la herida le dolía, pues sin querer se llevaba la mano al costado. Pero no se quejaría, eso nunca. No permitiría que nadie viese una debilidad en ella. Lanzo la carta sobre la mesa.

-El aquelarre de la costa no ha escrito una carta – la gente se miró entre si, Eve no aparto la mirada de su hermana – Otra vez tienen intenciones de aliarse con nosotros, por eso quería hablarlo con todos. Quiero vuestra opinión, quiero saber que pensáis.

Evelyn fue la primera en hablar.

-Por mi parte no hay ninguna objeción al respecto. Ahora más que nunca necesitamos a gente. Todos sabemos que las bestias se han vuelto más feroces que nunca, y yo no estoy dispuesta a que nadie más caiga contra ellos. Si queremos sobrevivir tendremos que aceptar su unión.

Carl miró a las muchachas y se sintió orgulloso de ellas.

-Pues yo creo que no tendríamos que hacerles caso – dijo una mujer con el pelo recogido en un moño – Ya estamos bien como estamos.

Ariadna la miro sin mostrar ninguna reacción en su rostro. Aquella mujer nunca había estado de acuerdo con nada que dijeran las hermanas. Esa mujer, Lina, era la cocinera de aquel caserón. Las hermanas la habían visto igual desde que eran pequeñas, con su moño bien recogido, con su delantal lleno de manchas de grasa y con sus humores malhumorados.

-¿Estar bien significa no saber que vamos a comer el mes que viene? ¿Estar bien es tener que enterrar a gente de nuestro aquelarre cada semana sin excepción? – contesto Ariadna – No estoy dispuesta a sacrificar más vidas.

Lina la miro ceñuda. Ariadna continuó hablando.

-¿De verdad queréis que vuestros hijos o vuestros nietos crezcan ante tales bestias? Cualquier día de estos ellos puede ser que quieran salir a luchar, a enfrentar a esas abominables criaturas, ¿queréis que ellos mueran? – todos la miraba atentos, escuchando lo que la jefa tenía que decirles – Pues yo no estoy dispuesta a pasar por ello. ¿Quién esta conmigo?

En la sala eran unas veinte personas. Entre ellos figuraban Evelyn, Carl, John, Lina, Nick que era el maestro de los niños, los hermanos Dark que tenía mucha experiencia en la batalla y por eso mismo estaban allí, y diversas personas, casi todas mayores que su mayor función era aportar su sabiduría de forma constructiva. Ojala sirviera de algo, pensó Ariadna mientras miraba a todos y a cada uno de ellos, desde que ella subió al mando no habían dicho ni una sola palabra.

Hubo mayoría en la votación. Así que Ariadna abandono la sala para escribir la carta de respuesta al aquelarre de la costa.

**
La respuesta no tardó en llegar a manos del jefe del aquelarre de la costa. Rubén, Ben para los más cercanos, se proclamo jefe del aquelarre por deseo de su padre cuando este estuvo demasiado viejo como para luchar. A la edad de veintitrés años era uno de los hombres más fuertes y valientes del aquelarre. Nadie le discutía nada y tampoco nadie se atrevía.

Cuando se trataba de alegría, bromas y diversión él era el primero en disfrutar y animar a la demás gente para que se alegrara a pesar de las penas que les acontecían día tras día. Pero cuando se trataba del aquelarre, de su bienestar, era un hombre con gran sabiduría, valiente y siempre, era el primero en salir a la caza de aquellas criaturas. Junto con su arco y sus flechas era invencible, cuando se trataba de lucha cuerpo a cuerpo era fuerte y despiadado, no se lo pensaba dos veces cuando se trataba de romperles el cuello y si por casualidad quedase alguna duda de que la bestia sobreviviera le abría en canal con su cuchillo de mano. Aun así, era capaz de estar por los demás mientras luchaba, si había alguna posibilidad de ayudar a alguien no miraba por él. Eso le había traído alguna que otra cicatriz pero nada que le importara mucho al muchacho.

Estaba en la sala de entrenamiento, ayudando a los más jóvenes con el arco, cuando la respuesta llegó. Se llevo la carta a sus aposentos y leyó la carta de la pequeña mocosa con tranquilidad.

Saludos,

Tal y como nos pedisteis en vuestra carta hemos estado valorando si era precisa o no una unión con vuestro aquelarre. Aunque sin ninguna duda, y por mayoría, hemos decidido que aceptamos tengo algunas peticiones o requisitos que comentarles:
à Ofrezco que la sede sea nuestra casa, pues supongo, que será mucho más grande que vuestra cueva en la cosa. Por eso mismo, sería necesario que nos hicieseis llegar una carta, con anterioridad a vuestra llegada, con el numero de personas que integran vuestro aquelarre, para poder hacerles sitio y que se sientan lo más cómodos posible.
à Aquí tenemos unas normas. Se cumplirán tanto por nuestra parte como por la vuestra. Igual que, contra lo que digan las vuestras, las mujeres también están capacitadas para la lucha al igual que los hombres. De esta manera, también se la entrenara. Por lo contrario, no se las obligara a salir a la caza si no es su deseo, pero en necesario que sepan defenderse si la situación lo requiere.
à Queda debidamente prohibido salir después del toque de queda, el cual es el mismo momento que oscurezca. Cualquiera que incumpla esta norma será castigado debidamente, sea quien sea.
Por ultimo, solo decirles que esperamos su llegada. Cualquier objeción a las peticiones anteriormente citadas serán debatidas frente a nuestro consejo.
Att, Ariadna.”


Una sonrisa fugaz se vislumbró en los labios del hombre. Tenía ganas de volver a ver a la pequeña, Quería ver en lo que se había convertido. Y una parte de él, juguetona, quería ponerla a prueba para ver si de verdad era quien decía ser, una muchacha eficaz, valiente, sin sentimientos, fría. Ya cuando era niña, Ben se dio cuenta que no era como las demás. No era asustadiza, no le daba miedo enfrentarse a aquellas cosas, ni tampoco era presumida, pues no tuvo ningún miramiento en cortarse su precioso cabello. Sus ojos, verdes como el jade, no mostraban ningún sentimiento salvo el de la sed de sangre, el de matar a aquellas bestias para cuidar de su gente.

Ben se estiró sobre su cama con los brazos tras la cabeza, aun con la carta en la mano. Pensar en aquella muchacha no hacía más que traer recuerdos dolorosos sobre su hermana. No era más joven que aquella niña cuando murió. Ella, Sabrina, era su hermana mayor. Como primogénita sería la encargada de la sucesión de su padre, por eso, desde bien pequeña se la entreno para la batalla y al igual que a ella a las demás muchachas de su edad.

Cerró los ojos mostrando una arruga en su entrecejo. Aun recordaba aquel día. Era el primer día que él salía a la caza. No iba a ser una tarea difícil. Hacía pocos días habían encontrado un nido de aquellas bestias, pero era débiles, eran de ojos amarillos. Salió con su hermana y con más hombres. Estaba ansioso por demostrar que él estaba tan capacitado como su querida hermana por la batalla, pero algo salió mal. Aquella guarida no era solo de ojos amarillos, había uno de ojos negros. De inmediato fue su hermana quien lucho contra él, mientras Ben y los demás descuartizaban sin dificultad a los más débiles. En un primer vistazo Sabrina no parecía tener ninguna dificultad pero... Ben, en un momento de despiste, cayo al suelo a los pies de la bestias de oscuro mirar. Esta, más sabía que sus compañeros de ojos amarillos, agarro al pequeño utilizándolo de escudo contra la hermana. Ben sintió como la baba putrefacta de la bestia caía sobre él dándole nauseas.

Luego, todo pareció ocurrir en menos de un minuto. Su hermana le sonrió, cogió su espada y se hizo un tajo en el brazo dejando brotar la sangre.

-¿Esto es lo que quieres no? – Ben notaba como la respiración de la bestia se aceleraba inhalando el olor de la sangre de su hermana – Pues deja al pequeño y ven a por mi, es tuya. Te lo prometo.

Ben no termino de creerse la palabras de su hermana, pensando que era un plan para matar a la bestia. Esta dejo caer al muchacho y se abalanzo sobre su victima. El olor de la sangre le volvía loco y hambriento y sin dificultad, clavo sus dientes en las carnes de la muchacha.

-¡Sabrina! – grito Ben.

Sabrina cogió su espada y se lo clavó a la bestia en todo el corazón. Luego, ambos, cayeron a tierra. Ben salió disparado hacia su hermana y le saco a la bestia de encima. Ella todavía respiraba, pero la sangre salia sin parar. Vio que los ojos de su hermana, azules como el cielo, estaban más cristalinos que nunca y supo que la vida se le estaba escapando por momentos.

-¿Por qué? – le pregunto.

Su hermana alzo su brazo sanó hasta acariciar el rostro del niño. Una sonrisa trémula, un suspiró suave...

-Porque esta no es la vida que yo quiero. Por eso... – Sabrina cogió un poco más de aire para continuar – quiero que tu seas quien cree una vida nueva. Una vida mejor para los que están por llegar – notó que su hermano iba a protestar pero le puso un dedo en sus labios y continuo – Yo no iba a ser capaz de cambiar nada, pero tu sí. Tu estas lleno de vida, eres valiente...

-Tu también lo eres – dijo con lagrimas en los ojos y la congoja en la garganta.

-No, creía ser valiente, pero la verdad es que cada vez que..., que iba a la salida de una nueva batalla el pavor me llenaba por dentro. ¿Pero sabes que? – Ben, incapaz de decir palabra, negó con la cabeza – Cuando tuve, cuando quise dar la vida por ti, no tuve miedo. Sabia que estaba bien, y que tu estarías a salvo...

Sabrina cogió aire de nuevo pero este no le llego tan adentro y sintió que no le quedaba mucho más. Cerró los ojos ya sin fuerza y sintió como su hermano cerraba su mano sobre la suya.

-Te quiero hermano..., no permitas que nadie..., que nadie luche sino..., quiere... – y exhalo su ultimo suspiro.

Tras aquel día Ben se volvió más fuerte. Decidió que no permitiría que nadie que no quisiese saliese a la batalla, sea hombre o mujer. Por otra parte, su padre, por entonces el jefe del aquelarre, dejo fuera de lugar que cualquiera mujer saliese a combatir y se sumió en la tristeza por la perdida de su amada hija, volviendo rudo y serio con lo que a Ben se refería.

Ben salió de sus pensamientos cuando alguien llamo a la puerta. Se levanto y la abrió. Al otro lado estaba su mejor amigo, Isaías.

-¿Y bien? – pregunto Isais ansioso.

-Han aceptado. Informa a todo el mundo que vayan preparando todo lo que sea preciso llevarse. Saldremos a primera hora de la mañana.
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Re: Untitled

Notapor Lunami el Mar Ene 19, 2010 3:28 pm

Me ha encantado el capiiii *3* :feliz:
je t'adore ma chérieeeee :love2: sólo tú eres capaz de hacer estos magnificos fics :)
Esperando más :)
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Re: Untitled

Notapor Abby19 el Mar Feb 09, 2010 2:32 am

Capitulo 4

Ariadna estaba en el cuarto de su hermana mientras ella buscaba en el baúl. Sonrío contenta al ver la alegría de Evelyn. Estaba buscando el vestido de boda de su madre.

- ¡Aquí esta! – dijo Evelyn entusiasmada - ¿No es jodidamente precioso? – añadió mientras se lo ponía frente a ella mirándose al espejo.

-Sí, yo también lo creo, seguro que te quedará precioso.

-¡Joder, yo también lo creo! – Evelyn daba vueltas con el vestido pero de pronto se paró, miro a su hermana con ternura y le dijo – Y tu también lo llevaras algún día.

Ariadna, que estaba sentada en la cama del dormitorio de su hermana, se levanto y se acerco a la ventana.

-No, yo no creo eso – puso la mano derecha en el cristal mirando como el sol ya se escondía – Ese tipo de cosas..., no son para mi.

-Eso son gilipolleces Ari – Eve dejo el vestido sobre la cama y se dirigió hacia su hermana – No entiendo porque dices esas cosas. Que no hayas encontrado a alguien no quiere decir que no vayas a poder vivir y sentir lo que yo.

-No, te equivocas Eve – su mirada seguía perdida en el paisaje – Yo no lo quiero, no lo necesito.

Alguien pico a la puerta. Las hermanas se quedaron mirando sin contestar. No esperaba que nadie las molestase. Todo el mundo sabía que cuando ambas estaban juntas y a solas en alguna habitación estaba prohibido interrumpir. Hasta para John, el prometido de Evelyn. Carl entro y se disculpo con la mirada a las muchachas.

-Lo siento. Ariadna, ya ha llegado la gente del aquelarre de la costa – dijo mordiéndose el labio inferior pensado lo que eso conllevaría.

-¿Qué ya han llegado? – Ariadna se separo de la ventana con un movimiento brusco – Les dije explícitamente en la carta que avisaran antes para poder alojarlos lo mejor posible – de inmediato pensó en aquel muchacho borde y prepotente y se imagino que él seria el culpable.

Salió de la habitación como alma que lleva el diablo pero antes de llegar al salón de la entrada bajo el ritmo de su caminata. Estaba sorprendida, aunque no lo mostrara en su rostro, habían como unas cincuenta personas allí reunidas en pequeños grupos. Delante de todos ellos había tres hombres.

El de la derecha tenía el pelo rojizo, ojos verdes, musculoso, alto y tenia una sonrisa en su rostro que le hacía parecer infantil. El de la izquierda era un poco más bajo, su cabello era largo y negro como el azabache, aun así también parecía fuerte, no quitaba la mano de su espada amarrada a su cintura y su rostro se mantenía serio y cauto. Y el del medio...

No había ninguna duda de que era el muchacho que Ariadna conoció de pequeña. Sus cabellos seguían igual, caían lacios sobre sus hombros, eran castaños oscuros. Estaba más fuerte de cuando lo vio por primera y última vez. Estaba acompañado de su arco y de sus flechas, y ella, estaba segura, que el cuchillo de mano descansaba en su cinturón, pero no lo vio porque el hombre, al cual ya no le podía nombrar como muchacho, llevaba puesta una capa negra que le llegaba hasta más debajo de las rodillas. En su rostro ya no había ninguna señal de la infantez, sus ojos oscuros observaban el lugar esperando a la anfitriona.

Ariadna se hizo ver.

-Bienvenidos a todos – dijo con la mayor alegría que pudo mostrar, por dentro ardía de rabia porque no hicieran caso de sus peticiones – Evelyn, Carl, llevad a la gente a sus futuras habitaciones para que se instalen y puedan descansar después de tan largo viaje.

Ambos hicieron caso a la jefa y empezaron a guiar a la gente por la casa. Ariadna se acerco a lo tres hombres y le tendió la mano a Ben.

-Bienvenidos a nuestro hogar – la mano era grande y fuerte.

-Gracias por recibirnos – dijo el de cabellos negros y bajito – Si me disculpa señorita tengo que atender unos asuntos.

Y siguió el camino que habían seguido sus demás camaradas para conocer cual serían sus habitaciones. Ariadna fijo su mirada en el hombre de cabellos castaños. Ben mantuvo la mirada firme, dándose perfectamente cuenta que por dentro, la ya no niña, ardía de rabia.

-¿Puedo hacerte una pregunta? – dijo el de cabellos rojizos – Si no te molesta claro... – en su semblante había una sonrisa picara.

-Adelante – dijo Ariadna.

-¿Cuántas jóvenes disponibles tenéis en vuestro aquelarre?

Rubén le dio un codazo a su amigo. Pensaba que se mantendría las apariencias unos días, o como mínimo en el primer encuentro con la jefa del aquelarre, peor Isaías no tenía remedio. Se dejaba llevar fácilmente por sus bajos instintos. Las mujeres bonitas le volvían loco y no perdía la oportunidad de probar de todas. Ninguno de los muchachos espero la contestación de Ariadna.

-Bastantes – el chico sonrió soñador – Pero tu mismo, como te atrevas a ponerles una mano encima te la corto, y no me refiero a la mano – dijo dejando ver su espada.

-Entonces estamos de acuerdo – dijo Isaías feliz. En ningún momento pensó que aquellas palabras iban en serio. Luego añadió – Si me disculpáis, dejo que los mandamases se entiendan entre ellos. Yo... – trago saliva al ver la mirada furtiva de la muchacha – Creo que yo voy a ver que habitación me ha tocado – y a ver al lado de que bombón le había tocado, pensó para si.

Cuando el pelirrojo desapareció Rubén y Ariadna se volvieron a mirar. Él pensó que el tiempo la había convertido en una muchacha muy hermosa y con muchas agallas. Ella que él seguía siendo el mismo creído presuntuoso de la ultima vez.

-¿Vamos a hablar aquí en medio de la entrada o vamos a ir a un sitio más privado? – pregunto Ben.

-Sígueme – dijo ella impasible.

Entraron por un pasillo de los laterales. Contrario a donde se había ido toda la muchedumbre. Ella iba delante sintiendo la mirada de él a sus espaldas. Él se dio cuenta que más que andar como una mujer andaba más a lo marimacho y extrañamente eso le pareció muy gracioso. Sin querer se imagino en otra situación con ella y tubo que hacer acopio de todo su control para parar esas ensoñaciones. ¡Por dios! Que era jefe de un aquelarre y estaba a punto de hablar con al jefa del otro. ¿Cómo se le ocurría imaginársela desnuda entre...?

-Si necesitas ir al baño esta por el pasillo de la derecha – le dijo ella.

Él se paro unos segundo para luego reanudar su marcha negando con la cabeza. ¿Cómo se podía imaginar ella que necesitaba ir al baño. ¿Acaso ponía cara de estreñido cuando se imaginaba...?

Ariadna se sentía algo incomoda. No sabía porque él la miraba de aquella forma, aunque tampoco el importaba lo más mínimo. Él podía hacer lo que le viniese en gana mientras no se metiera en su camino.

Entraron en un sala donde una gran mesa era el centro de la habitación. Habían varios asientos pero ninguno de sus ocupantes. Ariadna se sentó en uno de ellos despreocupada y le señalo con la mano a Rubén uno de ellos para que se sentara. Se saco de su bolsillo el borrador de la carta que les había enviado al aquelarre de la costa y se la mostró.

-Creía haber escrito explícitamente que mandarais una carta anticipando vuestra llegada – dijo mirándole a los ojos firmes y se dio cuenta que aquella vetas doradas seguían allí.

-Sí, pero la gente estaba ansiosa por venir cuanto antes, ¿y quien soy yo para no cumplir un deseo tan simple?

-Desde luego alguien sin cerebro y analfabeto – le contesto ella sin pensar. Cuando estaba de mal humor no llegaba a procesar bien lo que quería decir.

-Te equivocas pequeña – dijo negando con el dedo índice con humos de suficiencia – Yo solo cumplía con mi deber de jefe. No puedo privar a mi gente de sus deseos porque yo sea un egoísta y frio de sentimientos.

Ariadna sintió como se encendía de rabia pero decidió morderse el labio inferior y no darle un guantazo. Algo que bien se merecía. En cambio Rubén se lo estaba pasando genial viendo a la pequeña mujercita sulfurase.

De repente alguien les interrumpió. Ariadna giro la cabeza con brusquedad para bien quien había sido, pero se obligo a calmarse al ver que no era nadie más que su hermana. Evelyn se acerco al muchacho y le tendió la mano.

-Encantada, yo soy la hermana de Ariadna, Evelyn – analizo al muchacho intentando descubrir porque había tanta tensión en el ambiente.

-Mucho gusto, yo soy Rubén.

-Siento interrumpiros – dijo mirando a ambos – Pero... – miro a su hermana sería – Tenemos un problema con la asignación de habitación. ¡Un jodido problema!

-¿Es lo que me imagino? – dijo Ariadna levantándose de su puesto e ignorando por completo a Ben.

Evelyn asintió y salieron de la sala con pasos apresurados. Ben, curioso, las siguió por los pasillos. Estaba seguro que si ahora mismo pretendiese dar media vuelta y volver a la entrada de la mansión, se perdería. De repente, al fondo se escucharon unos griterios. Parecía una niña pequeña.

-¡No quiero! ¡No quiero compartir mi cuarto!

-Pero Serena, cuando te lo dijimos estuviste de acuerdo.

-¡Me da igual! Quiero estar sola en mi cuarto y no quiero que nadie ocupe esa cama. No le pertenece...

Cuando los tres giraron y entraron en la habitación de donde procedían los griteríos Ben se sorprendió al ver que no era una niña quien gritaba sino una muchacha de más o menos la edad de Ariadna que, con brazos cruzados sobre el pecho, se negaba a compartir su cuarto.

-¡Serena, basta! – grito Ariadna.

La tal Serena la miró desafiante. ¡Ya tenía que haber venido ella! Le hecho una mirada furtiva a Eve por chivata y volvió la cara para no mirarlas.

-Me da igual lo que me digas – eso iba para Ari – No pienso compartir habitación ese engendro – dijo señalando al muchacho de cabellos rojizos.

Rubén se hecho a reír a carcajada limpia. Unos minutos en aquella casa y su amigo ya había sacado de sus casillas a alguna chica. ¡De verdad que no tenía remedio! Pero algo en la mirada que le hecho Ariadna le hizo para en seco su carcajeo.

Ariadna miró al listillo de antes y puso su mano en el mango de la espada. El muchacho le sonrió con inocencia, alegando así que él no tenía culpa de nada de lo que estaba sucediendo. Y Ariadna lo sabía. Él no tenía la culpa. Serena era así desde hace poco tiempo. Su chico había muerto en batalla y se negaba en redondo que alguien compartiera habitación con ella manchando así el poco recuerdo que le quedaba de su amado.

-Serena, por favor... – insistió Carl.

-No, no y no – dijo ella cabezona como la que más.

-Pero no te preocupes nena, si nos llevaremos bien – dijo Isaías – Mira - dijo cogiendo sus cosas y poniéndolas en un rincón apartado de la vista – Cuando yo no este aquí para dormir ni te darás cuenta de que existo – hasta que yo le ponga remedio, pensó y una sonrisa traviesa se dibujo en sus labios haciendo que Ariadna volviera a dudar de si cumplir su amenaza o no.

-Mira – le dijo Serena, cogió sus cosas y haciendo a un lado a los presentes allí las hecho fuera de su cuarto – Así si que no notare ni que existes – y sonrió satisfecha.

Ariadna cogió las cosas y las metió dentro del cuarto. Luego se volteó y se puso enfrente de Serena haciendo con un gesto de cabeza para que los demás salieran. Puso las manos en los hombros de Serena y la insistió para que la mirara a la cara.

Puede que no mostrara sus sentimientos muy a menudo, pero sabía que era seguir adelante después de una perdido y también sabía que cada uno lo superaba a su manera así que hizo acopio de todos sus buenos modales.

-Serena, por favor, esta unión es muy importante. Si hubiera otra manera de ubicarle no te quepa la menor duda de que tanto Eve como Carl habrían encontrado un lugar más adecuado pero si esta aquí es porque no hay otro lugar – la muchacha se mantenía callada- Mira, tu prueba, si te trae muchos problemas me lo dices a mi y ya buscare alguna solución, pero si no lo intentas no demostraras nada.

-No tengo que demostrar nada a nadie.

-Te equivocas – le dijo ella impasible – Le prometiste a Sack que pasase lo que pasase lucharías y no te rendirías ¿no? – Serena asintió algo acongojada por el nombre recién pronunciado, el de su querido Sack – Pues demuéstrale que puedes con ese listillo de pelo panocha y si te trae loca tienes mi permiso para... ya sabes – y le guió un ojo.

Serena sonrió complacida y con suficientes fuerzas para volver a dar un paso hacia delante.

Al otro lado de la puerta Rubén se reía de su amigo mientras daban un paseo por los largos pasillos.

-Me pareces que te acabas de encontrar con el primer obstáculo de tu vida amigo – le dijo.

-Te equivocas Ben, esto solo acaba de comenzar. Esa gatita caerá a mis pies antes de que hayas contado diez.

Rubén palmeo la espalda de su amigo dándole ánimos, pues los iba a necesitar. Era suficiente un obstáculo con una mujer en la vida de un ligon empedernido para que este cayera en las garras de ese sentimiento llamado, amor.
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Re: Untitled

Notapor Lunami el Mar Feb 09, 2010 11:43 pm

Diossssssss quiero otro capi ya T3T y quiero que haya algo entre Ben y Ari :)
Que impaciente que soy xD!!!!!!!
Sigue así ma chérieee *3* :love2:
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Re: Untitled

Notapor Abby19 el Jue Feb 11, 2010 12:02 am

Este capi va dedicado a mi amore n///n Espero que te guste preciosa!! *3*

Capitulo 5

Aquella noche cenaron todos juntos en el gran comedor. La gente estaba muy animada y enseguida ambos aquelarres empezaron a hablar entre ellos. Todos salvo una persona. Ariadna se mantenía callada, como siempre, observando todo lo que ocurría a su alrededor sin perderse detalle. Tenía vigilado al de pelo panocha pero se dio cuenta que era alguien inofensivo. No creía que fuera a pasar nada malo si intentaba ligar con unas cuantas chicas. Además, estaban encantadas con sus atenciones ya que estaban cansadas ver a siempre a la misma gente día tras día.

-Come algo Ariadna, te esta enfriando la comida en el plato – le aconsejo Carl - ¿Qué te mantiene tan alerta?

Ariadna levanto una ceja irónica. Carl sonrió.

-No te preocupes, parecen buena gente. No va a pasar nada malo. Además ahora somos más para terminar con aquellas bestias y averiguar de donde proceden – le dijo el hombre – Tu padre estaría orgulloso de ti, Ariadna.

Ella hizo una mueca de fastidio. Sabía que su padre estaría orgulloso de ella. Estaba llevando acabo lo que ella fastidio tantos años atrás, una unión con uno de los aquelarres más fuertes en batallas de los conocidos por ahora. Y también uno de los interesados, igual que su aquelarre, de descubrir de donde salían aquellas criaturas. Pues bien sabían todos que si querían terminar con ellos de una puñetera vez era exterminándolos de raíz. Dejo el plato a medio comer y salió de la sala sin decir palabra. La gente del aquelarre de la mansión no lo noto extraño, era una actitud muy normal en ella. Pero los demás se quedaron un poco sorprendidos.

Al igual que Rubén. Esperaba poder intercambiar unas cuantas palabras con ella antes de que finalizara el día, aunque fueran pullas del uno para el otro. Sonrió al recordar como se había puesto rabiosa al llamarla egoísta y fría. Pues bien lo era, pero otra cosa es que ella quisiera que la llamaran así.

Continuo cambiando comentarios con la demás gente. Conociendo y dejándose conocer. La verdad es que esa gente le cayo bastante bien. Eran gente normal y corriente, como ellos, intentando sobrevivir en el mundo que les había tocado. Observo a Isaías que miraba de reojo a la muchacha loca de la habitación. Tenía que reconocer que su amigo tenía buen gusto. La muchacha era morena y tenía el pelo largo hasta los hombros, vestía ajustada pero cómoda, dejando notar sus curvas además de unos pechos bastante pronunciados. Sus labios color cereza parecía suaves y eran bastante insinuantes. Tenía los ojos oscuros, al igual que su cabello, y la pie era como el marfil. Aunque acordándose de sus griteríos, no dejaba de sorprenderse que pareciendo una muñeca que podía romperse pudiese gritar como mil demonios juntos.

También se fijo en su otro amigo, Nestor. Era completamente diferente a Isaías. Era callada y reservado, no se dejaba llevar por sus emociones pero cuando las hacía notar te dejabas llevar. No era un hombre que no hablara sin razón. Si hablaba lo hacía con motivo. Podía parecer algo frío pero en realidad tenía un gran corazón. Ayudaba a todos sin pedir nada a cambio y siempre estaba allí cuando se necesita, aunque este en silencio, aunque no dijera nada. Y aun con su silencio se apreciaba su presencia, pues la gente sabía que no estaba sola. Además él por abultar no abultaba mucho. Era de constitución pequeña comparado con los demás hombres pero era una maquina con la espada. Ben pensó que le gustaría ver una lucha entre Ariadna y Nestor. Seguro que la pequeña jefecilla no tenía nada que hacer. Nestor era bajito y llevaba el pelo largo y negro como el azabache. Solo destacaba por sus ojos azules que eran tan claros como oscuro su cabello.

La sala se fue vaciando y cada uno se fue yendo a sus respectivas habitaciones. Mañana sería un día largo. Pues según creía recordar, le esperaba una reunión con la pequeña jefecilla y sus consejeros. ¡Consejeros! Pero si eso era de la época medieval. En su aquelarre no necesitaban de eso. Todo se hablaba entre todos y solo se actuaba o se decidía bajo una mayoría absoluta. Así, hasta los más pequeños, podían opinar.

Cansado ya de tan largo día Rubén se fue a dormir a sus aposentos. Al menos tenía el privilegio de un cuarto para él solo. Entro en su cuarto y dejo su arco y sus flechas encima de una mesa. Se asomó al pequeño balcón siempre alerta. La noche era fresca y las estrellas se dejaban ver esplendorosas. Su habitación daba al mismísimo bosque y al estar en la segunda planta el paisaje era precioso. Acomodo su brazos sobre la barandilla y se relajo por un instante.

Ariadna también estaba en su habitación. Estaba repasando mentalmente todo lo que tenía que hacer al día siguiente. Para empezar, a primera hora de la mañana, tenía una reunión con el consejo y con demás gente del aquelarre de la costa. No le apetecía tener que lidiar contra aquel creído pero no tenía otro remedio. Por supuesto, tenía bien claro, que no se iba a dejar avasallar por él. Este era su territorio, su zona y las personas que habitaban era su gente. Iba dar todos por ellos.

Por la tarde saldría de caza junto a su hermana, los hermanos Dark, Serena y algún integrante del aquelarre de la costa. Era una buena oportunidad de ver de que madera estaban hechos y ver si eran compatibles a lo referente a la batalla.

Desenvainó su espada y se acerco a su balcón, sentándose en un pequeño sofá que había puesto allí. Cada noche se relajaba un poco allí sentada. Mirando a la oscura noche, sin dejar de estar alerta. Las estrellas se reflejaban en su espada. Aquella noche estaban más que preciosas.

Cayo en desgracia cuando se dio cuenta que algo más se reflejaba en su espada. ¿Por qué tenía que ser él el que estuviera en la habitación de arriba? Es más, ¿por qué tenía que estar al igual que ella asomado en su balcón? Rubén se dio cuenta de su vecina y sonrió.

-Hola pequeña, bonita noche –dijo.

-Lo era, hasta que te vi – dijo fastidiada.

-Venga, no te comportes así conmigo. Nos tenemos que llevar bien.

Él se dio cuenta que los ojos de la pequeña jefecilla brillaban más en la oscuridad.
Ella, aun fastidiada por tener que reconocerlo mentalmente, se dio cuenta que era bastante atractivo. Lastima que fuera así de carácter.

-¿Y por qué me tendría que llevar bien con alguien como tu?

-¿Y por qué no? – dijo Rubén – Ambos somos los jefes, si para empezar no nos llevamos bien nosotros, ¿qué ejemplo les estaríamos dando a nuestra gente?

-Que te quede claro una cosita – empezó a decir Ariadna levantando un poco su espada amenazadora – Solo hablare contigo por lo estrictamente profesional y nada más. Si te metes en mi camino lo lamentaras.

-Eso son dos cosas –apuntó él divertido viendo como la rabiaba.

-Pues metete esas dos cosas por donde te quepan y si te duele mucho más que mejor – y acto seguido se metió dentro de su cuarto cerrando la ventana con brusquedad.

Rubén se quedo un rato más. Impaciente porque llegara pronto el nuevo día para volver a fastidiar a la jefecilla.

En el lado opuesto de la mansión otras dos personas intentaban convivir. Serena no paraba de quejarse de tener que soportar a Isaías en su misma habitación, porque una cosa estaba clara, esa habitación era Suya.

-Vamos nena, deja de poner esa cara de pocos amigos. No te sienta bien con lo bella que eres – le dijo Isaías.

-Estas haciendo que me arrepienta de haber aceptado compartir cuarto contigo, así que mejor que te quedes calladito y no me molestes ¡Y no me llames nena! – dijo y se dio media vuelta en su cama mientras se tapaba hasta la barbilla con las sabanas.

-Va mujer, no te pongas así. De verdad que no soy como te imaginas – anda que no, pensó para sus adentros – Nena, ¿por qué no intentamos llevarnos bien?

-Por qué no me interesa llevarme bien contigo – le contesto ella – Ahora cállate, quiero dormir.

Isaías se recostó en su cama con los brazos cruzados tras su espalda mirando al techo. Desde luego que no iba callarse. Él todavía no tenía sueño.

-¿Soñaras conmigo? – le preguntó el divertido.

Escuchó como Serena soltaba un suspiró por intentar mantener la calma. Ella quería demostrar a su jefa que sabía cumplir su palabra. Y lo haría, aunque tuviese que volverse loca de remate por tener tanta paciencia con un engendro como él.

-Si soñara contigo no sería más que una pesadilla.

Aunque, para sus adentros, tuvo que reconocer que el pelirrojo no estaba del todo mal. Se le veía fuerte y los músculos se le marcaban en su camisa ajustada. Tenía una sonrisa torcida que hacía, que por un segundo, algo se disparase dentro de ella. Pero no le gustaba como la miraba. Parecía que la estuviera desvistiendo y eso le hacía sentir realmente incomoda. Sobretodo por el hecho que ella aun sentía que era de Sack. Aunque él ya no estuviese aquí, ella lo amaba.

-Pues que sepas que yo si soñare contigo – dijo Isaías mientras cerraba los ojos – Y te aseguro que en mi sueños te haré pasar de todo menos frío nena.

-Por eso se le llama soñar, imbecil. Por qué al fin y al cabo la realidad es totalmente opuesta.

-Nena, eso esta por verse.

-Tu sigue soñando y déjame tranquila. Cuando te caigas de la cama y te despiertes me reiré de lo estúpido que eres.

-En el fondo sabes que te gusta que vaya a soñar contigo, nena – dijo él aguantando una carcajada.

-Te equivocas. Y como vuelvas a llamarme nena una sola vez más te aseguro que convertiré tu realidad en la peor de las pesadillas. Ninguna bestia de las de allí fuera sería tan cruel como lo voy a ser yo contigo – dijo ella con rabia.

-Mmmm... – Isaías se lo estaba pasando en grande – Así que además de hermosa eres traviesa. Te aseguro, Nena, que cuando te des cuenta de que estas loca por mi, te demostrare cuan traviesos podemos ser los dos.

-Arrrggg... Me sacas de quicio – y acto seguido se tapo la cabeza con la almohada escuchando el sonido de la carcajada del pelo panocha de fondo, luego sonrío. Quería volverla loca, ¿no? pensó. Pues ya veremos quién vuelve loco a quien.


En otra parte de la mansión Evelyn paseaba por uno de los pasillos. No podía dormir. Después de la cena había discutido con John. No entendía porque ella tenía que atender a toda la gente del aquelarre de la costa si la jefa era su hermana. Eve le había explicado que su hermana ya tenía suficientes cargas sobre su espalda y que ella quería ayudarla. Pero la discusión se descontroló y terminó por decirle que ya no quería casarse con él. Que si no quería entenderla era problema suyo, ella no iba a cambiar su carácter para que él estuviese tranquilo. No pensaba ser una imbecil que hace todo lo que su hombre le diga. Su padre no las había criado así. Y aunque le doliese no le iba a dar el gusto a John. Lo quería pero ella tenía un limite.

Tampoco era la primera vez que discutían por algo así. Y aunque se alegro mucho de que John la pidiera en matrimonio no dudo ni por un segundo que lo hacía más que nada pero el mero hecho de tenerla controlada. ¡Joder! Ella no era su caballo. No la podía dirigir con unos arneses, ni pararla los pies porque él no quisiese que ella avanzada.

-¡Pues que se joda! – dijo en voz alta sin darse cuenta que había alguien más en la sala de la entrada, a la cual recién había llegado.

Nestor no esperaba que alguien estuviese despierto a esas horas. Desde siempre le había gustado dar un paseo por donde fuera antes de acostarse. Y en aquel lugar no iba a ser diferente. Se fijo en la muchacha rubia. Se la notaba enfadada, muy enfadada. Desentonaba con su belleza. Parecía frágil y pura..., pensó.

-Joder, no sabía que había alguien aquí – dijo Eve cuando se dio cuenta de que había alguien más – Soy Evelyn, la hermana de Ariadna.

-Nestor – le contestó él.

Él estaba sentado en las escaleras que daban al piso superior así que sin pensárselo dos veces Eve se sentó a su lado.

-Espero que estés a gusto aquí, si necesitas algo solo tienes que decírmelo – le dijo ella amablemente, luego bajo el tono de voz – Aunque te advierto que la puñetera gente de aquí es un poco aburrida.

Nestor hizo una mueca parecida a una sonrisa. Ella se sintió algo ofendida. Estaba intentando ser amable y él ni era capaz de sonreírle amablemente.

-A estas horas se esta muy bien por aquí. Parece que no haya nadie más que nosotros – dijo ella mientras se apoyaba sobre sus codos en al escalera anterior a la que estaba sentada.

-Me gusta que sea así – dijo él con voz suave.

Eve se lo quedando mirando unos segundos. Era apuesto, jodidamente apuesto. Y esa mirada sería que tenía... Seguro que había mojado más de una braga, pensó. El pelo largo le sentaba realmente bien, pensó que le daba un aire misterioso. Y ella, curiosa como era, quería saber. Dentro de si pensó que él escondía algo. No parecía mala persona, pues le estuvo observando cuando repartía habitaciones y él estaba todo el rato ayudando a la demás gente.

Mientras Evelyn estaba metida en sus pensamientos de repente el muchacho se levanto. La miro un segundo y se fue de allí sin mediar palabra. Dejando a Eve totalmente descolocada y muy curiosa.
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Re: Untitled

Notapor AGGM el Jue Feb 11, 2010 4:46 am

buen capi
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No esta muerto aquello que yace eternamente y con el paso de extraños eones,hasta la muerte puede morir
Al final solo yo vivire eternamente.
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Re: Untitled

Notapor Abby19 el Mar Feb 16, 2010 1:27 am

Me alegro de que te guste AGGM ^^ Gracias por leer!!
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Re: Untitled

Notapor Abby19 el Vie Feb 26, 2010 2:56 am

Capitulo 6

Hoy es el primer día. El primer día que los clanes recién unidos iban a debatir los puntos a seguir a partir de ahora. Ya estaban todos reunidos. Divididos en dos partes. Con los dos jefes en las puntas de la gran mesa de reunión.
A la derecha de Ariadna estaba su hermana Evelyn, seguida de los hermanos Dark, Carl, Lina y dos de los ancianos más venerados.
Y a la derecha de Ben estaban sus dos mejores amigos, Isaías y Nestor. No necesitaban a nadie más. Ellos tres sabían lo que su aquelarre necesitaba y quería. Eran suficientes.
El debate había comenzado desde el momento que todos estuvieron sentados en sus sillas.

-Ir a por ellos, a por la raíz, no es más que un suicidio – apunto Lina.

-Y quedarnos de brazos cruzados viendo como esas bestias se multiplican es mucho peor – se quejó Isaac.

-Estoy de acuerdo con el pelirrojo – dijo Ariadna, seria, como siempre- Puede que sea difícil, duro e incluso doloroso la búsqueda de la raíz de las bestias, pero es la única solución para encontrar una vida mejor.

-Yo estoy seguro que nadie esta realmente satisfecho con la vida que tiene ahora. Estamos presos entre cuatro paredes. Salir a fuera es buscar la muerte. No veo nada de malo de salir a fuera pero por una vez a buscar la vida – añadió Ben.

-Además, nadie esta obligado a salir por esta puerta para cumplir esta misión. Debería ser algo voluntario. Claro que... – se quedó pensado Evelyn.

-No podemos permitir que alguien que no este capacitado salga a la batalla – Nestor termino la frase por ella.

Eve lo miró curiosa. ¿Cómo sabía que era eso lo que estaba pensado? Él también la miro, pero aparto los ojos rápidamente. Aquellos ojos verdes lo turbaban y le ponían nervioso. Se recordó una vez más que debía evitar mirarlos.

-Eso me parece bien – dijo Lina incapaz de contradecir lo que aquellos jóvenes exponían razonablemente - ¿Pero que hay de la gente que se quede aquí? ¿Estaremos desprotegidos mientras los más fuertes se marchan? Eso no me parece bien.

-Claro que la gente de aquí no se quedara desprotegida. Somos muchos y todos sabemos luchar. La partida no será inmediata por lo que los que no saben luchar o manejar una arma en su propia defensa se les entrenara debidamente – dijo Carl, él era el maestro a la hora de enseñar a luchar, así que estaba dispuesto a enseñar a todas esas personas que quisieran aprender.

Debatieron sobre más temas y a media mañana la reunión se termino. Después de comer saldrían a por más bestias de esas y debían estar preparados. Evelyn, curiosa como la que más, siguió por todas a partes a Nestor sin que este se diera cuenta. No tenía sentido nada de lo que estaba haciendo pero la curiosidad y que John la hablara la habían inducido a ello.

Eve se dio cuenta que el muchacho no era muy hablador. Solo cruzaba dos o tres palabras con algunas personas de su aquelarre. En su rostro no se reflejaba ninguna emoción. Pensó que se parecía mucho a su hermana. Ariadna no mostraba sus sentimientos con nadie. Alguna vez lo hizo con ella, pero habían sido tan pocas las veces que ya ni se acordaba. ¿Qué había llevado a Nestor a ocultar sus sentimientos? ¿Sería así cuando esta frente sus dos amigos?

Había estado tan metida en sus cavilaciones que no se dio cuenta que Nestor paró haciendo que ella se chocara contra su fuerte espalda. Nestor se giró y dentro de él se puso nervioso al ver a la rubia de ojos verdes. Sabía que la había estado siguiendo. Puede que fuera bastante buena con el hacha, o eso había oído, pero la discreción no parecía ser su punto fuerte. Y no era para menos, pensó, una mujer tan bella no podía más que destacar.

Eve se mordió el labio avergonzada como cual niña pequeña que la pillan en una travesura. Alzó sus ojos a los ojos cristalinos del hombre.

-Esto..., lo siento – su voz fue un susurro pero Nestor la oyó perfectamente.

Ella pensó rápidamente en alguna excusa. ¿Pero que le podía decir? Mira que esta mansión es tan pequeña y las casualidades tan grandes que no se como mierda parece que a donde yo vaya también vas tu. No, eso no era creíble. ¡Joder! Llevaba mucho rato callada y él tampoco decía nada. Solo estaban allí, uno enfrente del otro, mirándose, nerviosos.

-Quería preguntarte..., ¿también sales esta tarde de caza no? – Eve se volvió a morder el labio.

-Sí – dijo el secamente.

-Yo también voy - ¿se podía hacer más el ridículo? Pensó.

-Pues allá nos vemos – añadió él, y se giro dando media vuelta emprendiendo de nuevo su camino.

Eve dejo escapar un suspiro y se fue a buscar a su hermana. Nestor se fue a algún lugar que no recordaba ya, pues al mirarla a los ojos había olvidado todo lo que tenia que hacer.

Más tarde, después de comer, el grupo ya estaba preparado para salir. Pero parecía que no todos estaba de acuerdo con los integrantes. Los hermanos Dark, dos chicos de unos veinti muchos años eran los únicos que se mostraban tranquilos. Los dos eran rubios, sus ojos eran oscuros y su única pasión era salir a luchar a matar esas espantosas criaturas.

-Ariadna, ¿de verdad tengo que salir a luchar con esto? – dijo señalando a Isaías.

Ari echo una mirada al pelirrojo. Estaba sonriente y se le notaba satisfecho de salir a combatir junto a Serena. No sabía porque, pero tenía el presentimiento, que Serena no estaba tan en desacuerdo como decía. Tenía un brillo especial en la mirada, como si se trajese algo entre manos. Pobre pelo panocha. No sabía lo que le esperaba, pensó.

-Si en realidad estas encantada de que venga yo – le dijo el pelo panocha insinuante – Seguro que estas deseando que te proteja.

Isaías cometió un error al decir aquello, pues Ariadna le dirigió una mirada asesina. Se plantó frente a él.

-Cada uno se preocupa por uno mismo. Asi que tú haz eso y basta de tonterías por que sino... – callo cuando sintió la mano de su hermana en su hombro.

-Ya basta Ari – le dijo con voz calmada, luego se dirigió a Isaías – Perdónala por su jodido comportamiento, pero si sabes que es lo que te conviene haz lo que te diga.

-No se en vuestro aquelarre – intervino Rubén – Pero en el nuestro, cuando alguien esta en peligro, lo ayudamos – Ariadna lo miró vacía – Sea cuales sean las consecuencias.

El ambiente estaba tenso. Rubén sabía porque ella había reaccionado de aquella forma. Él había estado presente. Él había sido quien cogió a la pequeña y la llevo a un lugar donde estuviera a salvo. Y también fue quien se cargo a la bestia que estuvo apunto de quitarle la vida.

Pero en realidad Ariadna no solo pensaba en su padre. Hace pocos años, por no decir dos, algo ocurrió en su vida. Algo que la había vuelto más fría de lo que era de por si. El tema era intocable para cualquiera que supiera de ello. Nadie, ni la propia Lina, se atrevía a decir algo sobre aquello. Nadie quería enfrentarse a la fría mirada de Ariadna.

Después de varios segundos de incomodidad todos salieron a fuera para adentrarse al bosque. Todos estaban atentos, esperando algún ataque inesperado. Caminaron varios minutos hasta que por fin dieron con aquellas bestias.

-Ya están aquí – dijeron los hermanos Dark a la vez.

Formaron un circulo juntando sus espaldas. Evelyn se puso algo nerviosa a notar el hombro de Nestor a su altura, pero se concentro en las bestias que estaban cerca. Serena se ajusto bien los guantes con pinchos en los nudillos, estaba preparada para destrozarles la cada a esos seres y de demostrar al pelirrojo que ella sabía cuidarse sola. Además de enseñarle de que era capaz si se pasaba con ella. Rubén miraba de soslayo a Ariadna, que mantenia la mirada sin emoción alguna al frente, concentrada y muy a su pesar tuvo que reconocer que se la veía preciosa.

Se escuchó un rugido y dos bestias se hicieron presentes. Para ser del nivel más bajo se mantenían cautas, no hacían ningún avance. Pero eso tuvo una clara explicación cuando otras cuatro criaturas de nivel medio se hicieron ver. Las bestias de ojos amarillos nunca atacaban hasta que lo hicieran uno de nivel más alto si estos estaban. Aunque eso no quitara el hecho de que fueran más imprudentes a la hora de atacar y que fuera más fácil acabar con ellas.

Los hermanos Dark fueron los primeros en atacar, por descontado. Se abalanzaron sobre dos de las bestias más fuertes y empezaron a la luchar. Nestor cogió su espada y se fue a por uno de nivel mas bajo. Evelyn observo su gran agilidad del moreno con la espada, pensó que podría se incluso mejor que su melliza pero tuvo ciertas dudas cuando esta se abalanzo con fuerza contra una bestia de ojos oscuros y de buenas a primeras le corto un brazo. No cabía duda de que no estaba de humor.

Isaías y Serena se miraban de soslayo cuando el otro no miraba. Esperando ver de que sería capaz el otro. Serena, no dispuesta a ser la segunda cerro los puños y se acerco a la otra bestia de ojos amarillos que quedaba. Le atesto un puñetazo que se llevo la mejilla del animal, dejándola en carne viva. La viscosidad de la que estaban hechas las bestias empezó a emanar de la herida emitiendo aquel olor tan putrefacto del que los presentes ya estaban acostumbrados. Unos más que otros, Evelyn no pudo evitar hacer una mueca de asco mientras hacía girar su hacha en su mano esperando a que alguna bestia más apareciese.

Isaías se quedo mirando a la castaña. Nunca había visto a una chica meter unos puñetazos como lo hacía ella. Sonrío divertido pero tragó saliva al pensar que no le gustaría ser victima de ellos. Solo quedaba una bestia de ojos amarillos libre y sabía que su amigo Rubén iba a mantenerse al margen con su arco siempre y cuando la situación no se descontrolase. Así que agarro con fuerza la empuñadura de sus sais. Tenía uno en cada mano. Era una arma con tres puntas, la del centro era más larga y era perfecta para perforar la garganta de las criaturas, tal y como le gustaba a él.

Rubén observaba a Ariadna desde un punto alejado. No cabía duda de que ya no era esa niña del pasado. Manejaba la espada con sabiduría pero se dio cuenta que no luchaba solo con la cabeza, había algo más. ¿Furia? ¿Resentimiento? Se recordó que tenía que seguir descubriendo que era lo que esos ojos jade ocultaban bajo su fría mirada. Quería hacer que esa mujer ardiera, ardiera por él.

Ariadna notaba que Ben la miraba, pero intento ignorarle lo máximo que pudo mientras iba dejando la huella del filo de su espada en la piel de la asquerosa criatura. Pero no podía evitar en hace dos años. Odiaba recordar ese maldito día, aquella maldita batalla donde perdió algo de vida. Donde el perdió a él. Cerrando los ojos con fuerza para no recordar tuvo un desliz y la criatura casi le arranca el brazo. Pero era una chica ágil y de un brinco lo esquivó no sin llevarse una zarpada. Noto un movimiento en su oreja y se dio cuenta que la bestia tenía una flecha justo en el medio de la frente. Desvió la mirada hacía Ben y lo maldijo, este le sonrío como si nada. Volvió a mirada a la bestia, puso su pierna en su estomago de una sola vez lo degolló sin pensárselo.

No tardaron mucho más en terminar con las bestias los demás. Los hermanos Dark se sonreían con orgullo. Evelyn se apoyaba cansada en su hacha. La noche pasada no había dormido mucho y esto la había dejado exhausta. Nestor se acerco a ella y le paso su cantimplora sin decir palabra. Ella se lo quedó mirando sorprendida, le sonrió y le dijo:

-Gracias, esas puñeteras alimañas cada día son más jodidamente fuertes – dio un trago, se seco la boca con el dorso de su mano y le volvió a tender la cantimplora- Eres bueno.

-Gracias –dijo el muchacho – Tu también – dicho esto se acerco a Ben. Seguía sin entender porque la rubia lo ponía tan nervioso.

Isaías se acerco a Serena y le cogió un mechón de pelo entre sus dedos. Ella lo miró sorprendida. No esperaba que se le acercara. Mantuvieron el contacto con la mirada unos segundos. Pero Serena le aparto la mano.

-No me toques, estas lleno de babas – dijo asqueada, pero con un brillo especial en la mirada.

-Mmm... Yo si que te llenaba de saliva, te haría un vestido con la mía.

-¡Eres desagradable! En serio, no se como esas criaturas no han vomitado al verte – y rió.

-No mientras nena, sabes que te haría mojar las bragas con solo una caricia mía.

Serena se acerco a él con cara de enfadada. Acercó sus labios a su oreja y le dijo:

-Mmmm... ¿Estas seguro? – su dedo índice se paseaba por la camiseta sucia de Isaías haciendo círculos insinuantes – Deberías demostrármelo...

-Cuando... Cuando tu quieras nena – dijo Isaías con un hilo de voz.

-Mmm... – ronroneo ella – Quizás en otra vida, capullo – y le empujo haciéndolo a un lado dirigiéndose a los hermanos Dark que comentaban el encuentro.

Isaías se quedo descolocado. Y sobretodo sorprendido. ¡Guau! Pensó. Esa chica tenía fuego por dentro... Ninguna le había hecho sudar. Y se seco la palmas de las manos en su pantalón mientras seguía el conteneo de las caderas de la castaña.

Rubén se acerco a Ariadna con su brillante sonrisa. La muchacha lo miraba con furia, como si el fuera otra de aquellas criaturas.

-No te vuelvas a meter en mis asuntos, ¿entendido? – su voz estaba cargada de furia.

-De nada encanto, no ha sido para tanto. Para mi es un placer ayudar a una dama.

-Eres insoportable.

-Pero te gusto – y le guiñó un ojo.

Ella se lo quedó mirando. Sin reacción alguna. Aquel guiño la había dejado en blanco. La había descolocado. Y se cabreó mucho más al darse cuenta de las reacciones que aquel engreído le hacía tener.

Dieron varías vueltas más por el bosque. Pero no se encontraron con ninguna bestia más. No era normal. Normalmente estaba lleno de ellas. Cada vez estaba más claro que algo extraño estaba por apunto de pasar.
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Re: Untitled

Notapor Abby19 el Mar Abr 27, 2010 12:57 am

Subiendo capi despues de muuuuuuuucho tiempo... He estado muy ocupada >.<


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Capitulo 7

El sudor la cubría el cuerpo entero haciendo que la camiseta se ajustara más a su cuerpo. Tenía su cabello castaño recogido en una larga coleta de caballo. Se seco el sudor de la frente con el dorso de su mano izquierda mientras con la otra aguantaba su espada. Hoy había entrenado al máximo y estaba satisfecha.

Ariadna se despidió de Carl mientras salía al pasillo para darse una buena ducha. Pero chocó con alguien. Ari levanto la vista y se encontró con la mirada oscura del hombre con el que había chocado. Su corazón empezó a martillearle en los oídos.

-Hola Adna, ¿has entrenado duro hoy? – le pregunto el hombre.

Ella, perdida en su mirada, no pudo más que asentir torpemente. Ambos siguieron su camino pero Ariadna no se quito su mirada de la cabeza. Apenas conocía a ese hombre. Había llegado hace poco como único superviviente de un aquelarre escondido en las montañas. Estaba lleno de heridas y estuvo varios días en enfermaría recuperándose.

No habían hablado demasiado. Salvo cuando se puso ante el consejo para rogarles que le dejaran quedarse aquí. Ariadna, con sus dieciocho años, fue incapaz de votar que no. No se engañaba, se había dejado llevar por las hormonas.

Mike, así es como se llamaba, era un hombre alto y musculoso. Se notaba que había entrenado muy duro desde joven. Llevaba el pelo castaño corto y sus ojos eran casi negros. Pero lo que hacía que todas las jóvenes del aquelarre besaran el suelo que pisaba era esa sonrisa resplandeciente que dejaba escapar sin esfuerzo. No es que fuera una sonrisa bonita, pues tenía una pequeña cicatriz en el lado izquierdo del labio superior, pero su sonrisa emitía un aura resplandeciente que cegaba.

Ariadna no se había podido quitar de la cabeza a aquel chico desde su llegada. Odiaba tener que considerar la posibilidad de que ese hombre hubiera podido hacer mella en su corazón. No quería tener que preocuparse por nadie, salvo por su hermana, y esa era una excepción entre miles.

Su hermana melliza, Eve, era la única familia consanguínea que le quedaba y no quería perderla. Sentía que sin ella se perdería a si misma. Nunca lo reconocería ante nadie, por supuesto, dejar ver sus sentimientos no sería más una muestra de debilidad. Y eso es lo que todos esperaban. La joven jefa del aquelarre había sido un muro de hielo desde su puesta en el cargo y, por su parte, así seguiría siendo.

Pero ella no se daba cuenta es que por ese hielo iban cayendo pequeñas gotas poco a poco. Se estaba derritiendo ante las miradas oscuras que le dirigía ese hombre. Esa era otra cosa más que no reconocería. Se mantendría firme y nadie se daría cuenta. O casi nadie.

-Mike te ha estado mirando durante toda la cena… ¡Y vaya miradas! Te lo juro Ari, a mi un hombre me mira así y es que me corro del gusto solo de pensarlo – decía su hermana haciendo muestra de su gran vocabulario culto.

-¡Que me va a estar mirando! – Arianda intento calmar el calor intenso que le recorrió el cuerpo y que se le subió a la cabeza ante las palabras de su hermana, pero para esta no paso inadvertido.

-Si te encanta – Evelyn se carcajeó – A mi no me engañas, ese chico te gusta Ari.

Ariadna, resguardada entre las paredes de su habitación junto a su hermana, la miro de reojo. ¿Sería que nada se le escaba a esta rubia loca?

-Tienes razón Eve, pero no lo entiendo…

-El amor no entiende de razones querida hermana – y se fue dejando a su hermana entre sus pensamientos.

Pasaron los días y Ariadna cada día era más consciente de lo certeras que eran las palabras de su hermana. Se encontró arreglándose, se podría decir más de lo debido, pero nunca había prestado mucha atención a su aspecto. Salvo…, salvo aquel accidente de cuando era pequeña cuando se corto el pelo sin pensárselo demasiado.

Había cometido varios fallos a la hora de luchar contra aquellas bestias por no prestar atención a lo que hacía y como repercusión había acabado con alguna que otra cicatriz más en su historial. Ese hombre luchaba como el mismísimo demonio.

Se dejaba llevar en la batalla y no pensaba en nada ni en nadie. Empleaba toda su fuerza y su furia contra las criaturas sin piedad alguna. Y no era para menos, había perdido a toda su gente por culpa de aquellas extrañas cosas que un día aparecieron de la nada.

Con lo cual mucha gente le llamo la atención a Ariadna. No era un comportamiento normal en ella y hasta la mismísima Lina empezaba a preocuparse. Le disgustaba que la pequeña jefecilla no contestara ni se alterara lo más mínimo ante sus comentarios contra su liderazgo. Pasaba de ella pero…, interiormente tenía que reconocer que no le disgustaba que la morena fuera una adolescente por una vez en su vida. Al fin y al cabo era lo que hubiera querido el antiguo jefe, su padre.

Con el tiempo los sentimientos de Ariadna eran más llamativos y se hicieron ver ante el implicado, el cual, también sentía algo especial por la chica. No fue hasta una tarde de verano que ambos se dejaron llevar por sus emociones.

Era tarde de reunión y se habían pasado discutiendo todo el rato si era apropiado o no hacer una inspección a una zona alejada donde sospechaban que era el sitio de donde salían las criaturas. Había diversidad de opiniones y no se pusieron de acuerdo en que hacer. Poco a poco y uno por uno, los miembros del consejo fueron saliendo de la sala. Hasta que al final solo quedaron Mark y Ariadna en la sala.

Estaban estudiando las posibilidades de camino que habían sin tener que arriesgarse mucho. Estaban empeñados que salir a por ellos era la mejor solución y solo un par de personas más compartían su misma opinión. Así que se quedaron el resto de la tarde analizando los pros y los contras de manera que en la próxima reunión nadie tuviese ninguna queja.

-Vaya muermo de gente, ¡como si fueran a salir ellos a luchar! – se quejaba Mike.

-Se tiene que entender. Como los más mayores no quieren perder a nadie de su gente ni que ninguna de nuestras heroicidades suponga un peligro para los que se quedan – Ariadna dejo escapar un suspiro – Pero estoy de acuerdo contigo, ¡son un muermo!

Se rieron a la vez y luego se quedaron fijamente mirando el uno al otro. Mark se acerco a ella y Ariadna sintió como su corazón se aceleraba por momentos. Él le puso un mechón de su cabello detrás de la oreja y aprovecho el movimiento para acariciarle la mejilla.

-Eres preciosa Adna – le dijo con voz ronca.

Ariadna trago saliva con dificultad. Las palabras se habían fugado dejándola sola y desamparada. Aquellas sensaciones que recorrieron su cuerpo con aquella caricia la desbordaron. Eran nuevos para ella. Demasiado nuevos…

Mark le declaro sus sentimientos a la joven chica sellando sus sentimientos con el roce de sus labios. Ella se dejo llevar por aquella magia que los envolvía. Los días se hicieron más frescos y felices para la Ariadna. Tenía una persona a su lado que la quería y que no la juzgaba, la apoyaba en todo.

Todo el mundo noto el gran cambio en la jefa. Por decirlo de alguna manera parecía más humana, más de este mundo. Lina paro de recriminarle cosas y disfruto de aquella sonrisa mientras duro, al fin y al cabo ella también era humana y también había sido una joven enamorada.

Pero con el tiempo también se llego a una conclusión de lo que aquella tarde hablaron. Había decidido ir un grupo a ver que ocurría allí. Era una salida de reconocimiento, no iban a arriesgarse. Iban a echar un vistazo y nada más. Pero irían preparados, con aquellas bestias no se sabía que es lo que iba a pasar. Eran impredecibles.

Así que un día salieron temprano por la mañana. Salieron siete personas, Ariadna, Serena, Mark, Sack, los hermanos Dark y Eve. Todos estaban preparados y equipados con sus armas. Ariadna llevaba su espada, Serena sus puños forjados, los hermanos Dark esta vez se habían decidido por unos grandes mazos con puas, Eve llevaba su hacha, Sack llevaba una larga barra de hierro con la punta afilada y Mark unas cadenas armadas.

Por el camino no tuvieron ningún accidente, el ambiente estaba en calma e incluso se toparon con algún animal que otro que andaba pacíficamente por el lugar. Parecía que el día estaba saliendo redondo. Tuvieron que acampar haciendo turnos por la noche. Muchos no durmieron bien, pues nunca habían hecho eso de acampar habiendo tanto peligro allá fuera.

Por la mañana comieron algo de comida fría mientras seguían con su camino. Ya andaban cerca de su destino cuando el ambiente se volvió algo más tenebroso, silencioso…, no se veía ningún animal cerca y los pájaros habían dejado de cantar. Incluso parecía que, a pesar de ser pleno día, se había oscurecido.

Se acercaron todos unos a otros en guardia. Que todo estuviera tan calmado solo significaba una cosa, aquellas criaturas estaban cerca y no se traían nada de bueno. De entre las penumbras del bosque aparecieron ocho bestias.

Esto ya no es bueno, pensó Ariadna, ya nos superan en número y siempre hay más esperando a que alguien caiga. Se cogió bien de su espada y se puso en guardia delante de una de ellas esperando a que estas dieran el primer paso al ataque. Entonces se dio cuenta de otro punto en contra de ellos. Los ojos de aquellas bestias eran negros. No eran comparables con el nivel de las bestias de las que estaban acostumbrados a matar.

Estas se lo pensarían más, no se dejarían llevar tanto por sus instintos y sobretodo eran más fuertes que las otras. Los hermanos Dark, para variar, no se lo pensaron mucho y fueron los primeros en atacar y se notaban que lo disfrutaban. En el aquelarre nadie entendía cómo podían pasárselo tan bien, pero muy pocos sabían que solo era una manera de desfogarse por la pérdida de su familia.

Al final todos se animaron y empezaron a luchar. Seguían con la regla del aquelarre, preocuparse por uno mismo y no arriesgarse por nadie. Pero cuando el amor esta involucrado esa normal parece al filo de romperse. Serena estaba pendiente de Sack y Sack de Serena. Ariadna echaba uno que otro vistazo a Mark sin perder la concentración en lo que hacía. Esas criaturas no podrían con ella. Mark también luchaba e iba mirando a Ariadna pero cuando con las cadenas intento darle a una de las bestias vio como una criatura se acercaba por detrás de Ariadna intento darle caza así que se desvió de su objetivo.

Todo paso muy deprisa y una cosa llevo a la otra sin que nadie pudiera hacer nada para evitarlo. Cuando Mark se aparto de la bestia con el que estaba luchando y se iba acercando a la que iba a atacar a su amada Serena perdió la concentración porque vio que la criatura que se había quedado sola ahora venía hacía ella. Esquivo su golpe agachándose mientras con uno de sus puños se clavo en el estomago de la bestia. Sack se acerco para echarle una mano con las dos criaturas con las que luchaba pero fue un error. En el mismo momento que él se separo un paso de con la que luchaba otra se le acerco por las espalda dándole un fatídico mordisco.

Todos escucharon el grito desgarrador de su compañero, aunque no todos pararon de pelear. Serena quedo paralizada ante la imagen y callo el suelo con la criatura a la que le había pegado el puñetazo encima, aun moribundo. Ariadna se percato del ataque inminente por su espalda y se dio cuenta que Mark venia tras él. Pero este se había quedado mirando a su compañero y amigo y no se dio cuenta como la criatura que hasta hace un momento venia hacia ella iba tras él.

-¡Mark! – gritó en un ataque de miedo.

Los hermanos Dark se separaron y fueron a ayudar a Serena. Uno la saco de allí alejándola del campo de batalla mientras el otro seguía matando y descuartizando con su gran mazo. Que su hermano no estuviera allí no le impedía descargar su gran furia.

Mark giro la cabeza y con un movimiento rápido de brazo le dio con sus cadenas a la bestia en las piernas. Esta, con un gruñido de dolor y las babas verdosas escurriéndose entre sus mugrientos dientes, se abalanzo sobre él impidiéndole defenderse con las cadenas.

Ariadna, con unos movimientos de espada, se deshizo de su putrefacto contrincante, y se dispuso, contra su propia norma, ayudar a Mark. Pero ya fue demasiado tarde. Esa bestia lo amarro del cuello y empezó a llevárselo entre la maleza del bosque. Ariadna atisbo a ver un goteo de sangre por el cuerpo de Mark pero no pudo acercase pues otra bestia se abalanzo sobre ella para luchar.

Estuvieron un buen rato luchando sin descanso contra las bestias. Perdieron la noción del tiempo pero para cuando terminaron con ellas estaban heridos y con dos bajas entre su grupo.

Serena estaba moralmente destrozada y durante el camino de vuelta lloro sin descanso mirando sin para entre lagrimas como los hermanos Dark llevaban el cuerpo ya sin vida de su amado.

Ariadna era harina de otro costal, volvía al hogar como si nada hubiera pasado, como antes, como un bloque de hielo. Esa salida la reseteo y la Ariadna que todos conocieron durante ese corto tiempo volvió a lo que era antes, a la persona fría y sin sentimientos. A aquella chica sin sonrisa.

Solo su hermana supo lo mal que lo había pasado pues más de una noche escucho sus lagrimas contra la almohada. Escuchó sus respiraciones agitadas de pura rabia. Pero por la mañana estaba como si nada. Ari sabía que su hermana la había escuchado pero no quiso decir nada. Quería hacer borrón y cuenta nueva. Ella era la jefa, no podía dejar que nada le afectara, ni la perdida de la persona que más le había importado.
Algunos sueños se convierten en imposibles y acaban siendo pesadillas

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Abby19
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Notapor Abby19 el Mar May 04, 2010 2:26 am

Capitulo 8


Tras una merecida cena todos los combatientes se fueron a sus camas. Ariadna todavía estaba de mal humor porque Ben había interferido contra su contrincante. Pero debía admitir, y solo para si misma, que la puntería del chico era de infarto. Un milímetro más a la izquierda y aquella flecha se le hubiera clavado en su cabeza y en la de la bestia.

Se metió en su cuarto mientras se desvestía. Tuvo cuidado con el vendaje de su hombro pues le dolía bastante. Y eso la fastidiaba. Le gustaría volver a salir el día siguiente pero con el hombro así no era recomendable y su hermana le comería la oreja hasta que por cansancio haría lo que ella dijese. Podía ponerse muy pesada si se lo proponía.

Después de ponerse una camiseta y unos pantalones más cómodos empezó su ritual de antes de acostarse. Cogió su espada y se fue al pequeño balcón de la ventana y se sentó a mirar a la noche.

Su mente, puñetera como ninguna, le volvió a recordar aquella nefasta batalla. También se acordó de los días siguientes y de cómo incineraron el cuerpo de Sack. Serena lloraba sin parar custodiada de los hermanos Dark que se habían vuelto sus guardaespaldas. Y ella se sintió vacía. Vacía porque no pudo despedirse de él. Porque su cuerpo nunca regreso con ellos…

Nadie se dio cuenta, salvo una persona, de la lágrima que descendía por la mejilla de Ariadna. Ni ella misma fue consciente. Solo Rubén se dio cuenta. Solo él sabía que dentro de aquella chica se escondía una explosión se sentimientos. Tuvo que morderse la lengua para no decir nada. Sabía que la jodería si dijese algo. Él quería conocerla, saber lo que escondía su corazón.

Ariadna inconsciente de que la estaba observando se apoyo en la barandilla del balcón mirando fijamente en la lejanía del bosque. Pensando profundamente en todo. Las bestias estaban teniendo unos comportamientos muy extraños. Antes te las encontrabas como piedra en el camino y ahora parecía que tenías que buscarlas por debajo de cada matorral para dar con ellas. Ya se había dado cuenta de que algo extraño estaba ocurriendo. Por eso mismo estaba tan decidida en dar con la raíz de todo.

También pensó que tenía motivos para no hacerlo. Por algo parecido perdió a Mark. Pero estaba segura que él no hubiese querido que se rindiera. Levantaría cada piedra, miraría detrás de todos los arbustos del mundo si hiciera falta para dar una mejor vida a toda su gente. Todos se merecían algo mejor. Un futuro donde solo brillara la alegría.

Ella se alejo un poco de la ventana y en ese movimiento atisbo a ver una sombra sobre su cabeza que se movió rápidamente entre la penumbra de la noche.

-Eres insoportable, en serio – dijo Ari antes de cerrar el ventanal de un golpe.

Rubén sonrió para si pensando que algún día no sería tan insoportable para la chiquilla. Algún día tendría su cuerpo desnudo sobre el suyo y entonces “insoportable” sería otra cosa, pero no él.




En otras de las habitaciones Evelyn escuchaba el quinto sermón de John quejándose por su comportamiento y de cómo estaba actuando últimamente. Eve pasaba de sus palabras y estaba entretenida frente al espejo alisando su cabello dorado. Desde que decidió aceptar casarse con él se había vuelto una persona totalmente contraria a lo que era y ya no podía más. Tenía dos opciones, o seguía adelante pensando que algún día todo volvería a ser como al principio justificando esta estúpida actitud de John como unos nervios repentinos después de la aceptación de mano o le daba puerta y buen viaje sabiendo que realmente era así como era él y que todo lo anterior había sido una parafernalia para conquistarla.

-Eve, ¿me estas escuchando? – dijo John ya algo desesperado por hablar continuamente con las paredes.

Ella se giro y le miró seria y decidida.

-¿La verdad? – John asintió – No te estaba escuchando. Paso de escuchar tus jodidas quejas sobre como soy. Sabes desde hace muchísimo tiempo como soy o como dejo de ser. Y si me conoces algo también sabes que no pienso cambiar de actitud. Soy como soy y ni tu ni nadie va a poder cambiarme – se levanto cogiendo una chaqueta de poco abrigo - ¿Quieres saber algo más? – John volvió a asentir, esta vez con un poco menos de convicción – Esta va a ser la última vez que te quejas de mi. Por lo que a mi respecta la boda y cualquier relación que tu y yo hayamos tenido queda por concluida en este maldito momento.

-¡Eve! – gritó John.

-Vete al infierno – y acto seguido cerró la puerta y comenzó el camino hacia la habitación de su hermana.

Mañana ya echaría de la suya a John y todo volvería a ser como antes. Fue con paso lento, no tenía prisa. Sabía que su hermana estaba de mal humor, así que esperaría a que estuviera dormida para hacerse un hueco en la cama con ella.

Se puso a pensar. Era extraño, acaba de romper con el que pensaba que sería el amor de su vida y se sentía liberada. ¿Acaso lo que ella sintió no fue amor? Claro que lo fue, se dijo, pero cuando algo te jode y te hace polvo, como eran las palabras que continuamente le decía John, la llama que algún día existió se extinguía no dejando ni las cenizas de lo que alguna vez fue un amor lleno de alegría y, para que mentir, jodida pasión desenfrenada.

Si hubiera tenido una vida normal, como los más ancianos, hubiera podido despejar sus pensamientos con un paseo por la calles. Pero en la actualidad aquella mera idea era imposible. Salir era poner tu vida en peligro. Nunca han tenido tan a mano los suicidas el morir y dar paz a sus sufrimientos.

Al rato Eve se encontró que estaba en la sala de entrada, donde las escaleras te llevaban a la segunda planta. En esas mismas escaleras, como la noche anterior, se encontró al chico callado de ojos cristalinos y cabellos oscuros.

Nestor había sentido la presencia de la rubia desde mucho antes de que esta llegara. Y en el mismo momento que supo que era ella, se puso terriblemente nervioso.

-¡Oh! Vaya, no sabía que estabas por aquí – dijo Eve – No te interrumpo – y hizo ademán de dar medio vuelta y recorrer de nuevo el camino por el que había venido.

-No…, no te preocupes. No molestas – no con tanta belleza, se sorprendió pensando.

-¿Lo dices en serio? – dijo ella mordiéndose el labio.

El chico asintió levemente con la cabeza y siguió con lo que estaba haciendo. Tenía su espada sujeta entre sus piernas y con las manos intentaba afilar un poco la hoja de la misma. Eve, desde el mismo lugar donde se había parado, observo como trabajaba el chico. Cuando se dio cuenta de que estaba demasiado cansada como para estar mucho más rato de pie, se sentó a su lado.

-¿Es muy difícil dejar bien afilada la espada? – preguntó ella curiosa.

Nestor, que no se esperaba la pregunta, se quedo por unos momentos con la mente en blanco. Mirando directamente a los ojos verdes de la muchacha que se mostraban encantadores.

-Es cuestión de… - paro de afilar un momento la espada con la mirada al frente intento acordarse de lo que iba a decir – Es cuestión de practica – dijo al fin – Al principio parece difícil y puedes dejar el filo de la hoja desigual, pero con un poco de esfuerzo y paciencia puedes conseguir cosas como estas – añadió Nestor, luego alargo el brazo y se arranco uno de sus largos cabellos oscuros.

Puso la espada horizontal, aguantándola con una mano y con la otra dejo caer el pelo que se había arrancado. El pelo fue cayendo suavemente hasta llegar al filo de la hoja de la espada donde esta lo partió en dos con su mortal roce de cariño.

Evelyn quedo ensimismada como el cabello caía al suelo. Luego miró al chico y seguidamente otra vez al suelo. Se levanto de un salto asuntando en pequeña medida a Nestor.

-¡Joder, que fuerte! ¿De verdad es tan afilada? – se agacho frente a la espada y paso su dedo índice por el filo de la hoja con sumo cuidado - ¡Mierda! – y se llevo el dedo a la boca.

Nestor se alteró y cogió la mano de la chica sin pensar en lo que hacía y en su timidez.

-¿Te has hecho daño? – dijo preocupado.

-No – dijo Eve sacando la lengua cual niña traviesa – Era una broma – y luego se echo a reír.

Él se quedo blanco como la tiza y luego rápidamente sus mejillas se pusieron rojas como un tomate al darse cuenta. Miro a la rubia con ojos de sorpresa al darse cuenta del ataque de risa que tenía ella. Y luego, sin poder remediarlo, se sorprendió riendo a la par que ella como hacía mucho, pero mucho tiempo, que no hacía.



-¿Podrías apagar la puñetera luz de una vez por todas? Quiero dormir – se quejó Isaías desde su cama a la morena que estaba frente al espejo.

-¿Por qué tu me lo digas? – el chico gruño algo parecido a un sí – Pues te jodes y te aguantas, la arma que uso me deja las manos echas polvo y si no me pongo algo de crema hidratante antes de dormir se me verán feas.

Isaías abrió los ojos y un brillo de entusiasmo se reflejo en ellos. Se apoyó sobre su brazo y la miro de hito a hito. Serena estaba frente a su tocador con un modesto camisón que dejaba sus hombros al descubierto e insinuaba sus esplendidas curvas.

-Nena, en ti nada se vería feo – dijo con voz sensual el muchacho.

Serena lo miró desde el reflejo del espejo y se dio cuenta que la estaba devorando con la mirada. Por unos segundos quiso sonreír pero se reprimió pensando que eso solo le daría más satisfacción a él. Estaba segura que se moría porque ella callera rendida a sus pies, pero eso estaba a años luz de que sucediera, o eso quería pensar.

-¿Qué haces pervertido? ¿Quieres dejar de mirarme de esa manera? Me das asco – le dijo ella con una fingida cara de repulsión.

-¡Bah! Si se que tienes las bragas mojadas ahora mismo – se quedo mirándola durante un instante mientras ella hervía de furia – Serena…

La chica, que le había dado la espalda indignada completamente dio un respingo en la silla al escuchar su nombre entre sus labios por primera vez. Ojala no lo hubiera hecho nunca…

-Qué quieres plasta – su voz sonaba cabreada pero no era realmente así como se sentía.

Isaías abrió fuertemente los ojos al darse cuenta de lo que estaba pensando. ¡Qué estúpido estaba siendo! ¿Cómo podía pensar que lo que le atraía de la quejica esta no era algo más que su cuerpo?

-Nada déjalo – se giró dándole la espalda cabreado consigo mismo – Acaba ya nena, eso o entrégame tu cuerpo.

Serena, que esperaba algo distinto por su parte cuando escuchó su tono de voz nombrándola, cogió el pote de crema hidratante e hizo además de lanzárselo. Pero se quedo con el brazo alzado y el pote en la mano al no encontrar ningún motivo para darle. Pues, en secreto, ella, también quería entregarse a él.
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